Las telarañas son fuertes, resistentes, y pueden llegar a tener bonitos dibujos, pero su cometido principal es atrapar a las presas, ya que las arañas sienten la vibración de la red cuando un insecto cae en ella, y atacan rápidamente.
Las telas de araña se construyen con la seda líquida –producto de una síntesis de proteínas– que se encuentra dentro de las glándulas de hilado (también llamadas hileras) que se ubican en la parte posterior del abdomen.
Esta seda se convierte en sólida al entrar en contacto con el aire. Aunque este cambio inmediato de líquido a sólido es uno de los hechos más asombrosos de la naturaleza, no tiene que ver con el contacto con el aire, sino que al lanzarlo se vuelven a alinear las moléculas de forma sólida.
La clave para formar telas de araña está en el viento, especialmente si estas se tejen entre dos árboles. Una vez el hilo de seda comienza a salir de la araña, esta se mueve de acuerdo al viento y lo aprovecha para darle dirección. En general, las arañas trazan un primer puente que sirve como punto de referencia y como forma para marcar el territorio.
A ese punto inicial se van añadiendo cada vez más hilos, que hacen que la red se vuelva más fuerte y resistente, y finalmente se crea un patrón. Las líneas que van desde el centro hacia el exterior se llaman radiales y su función es hacer de punto de apoyo de la red; mientras que las líneas orbe son las que van alrededor.
Lo curioso es que muchas arañas tienen problemas de visión, y construyen estas obras de arte de seda únicamente mediante el sentido del tacto.
En general, las mismas arañas utilizan su tela como “cuerda floja”, ya que cuelgan boca abajo de la misma para transportarse de un sitio a otro mientras están construyendo la red.
Las arañas suelen construir las redes en el momento que no están cazando, y como existe gran variedad de arácnidos, esto puede ser tanto por la noche como por el día.



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